
Son varios los textos de Kierkegaard (1813-1855) desconocidos para el mundo de lengua castellana, en especial para los países hispanoamericanos, y más precisamente aún para quienes deseen leerlos en Chile. Entre los títulos de este autor que por acá nos es fácil y reiterado encontrar, están: Diario de un seductor, Temor y temblor, La enfermedad mortal, Tratado de la desesperación y Mi punto de vista. Con suerte se podrán hojear (y ojear, de ojos) otros en bibliotecas de filosofía, o en bibliotecas públicas que nos guarden alguna sorpresa. Los dos breves escritos de esta edicioncilla se vienen a sumar a la que en 1998 hicimos de Diapsálmata, aquellos sabrosos epigramas que, por desgracia, ya agotamos (y como BVD está agotado, no reeditará... ¿o sí?). Pero ¿por qué escribimos pero? Por lesear. Lesear viene de leseras. Y de acuerdo a dos ilustres y empingorotados letrófagos nacionales, son eso, leseras, las que se leen en La rotación de los cultivos y El más desgraciado. ¿Qué dirá usted?