Magistral sensibilidad rítmica

Nueva traducción de Hölderlin

por Bruno Cuneo

Traducir a Hölderlin del mismo modo en que él tradujo a Píndaro o a Sófocles es una empresa a la que ninguno se ha arriesgado aún, aunque algunos parecen tener ese desafío más presente que otros. A menudo son los que rechazan esa práctica embellecedora, a veces excesivamente retórica, que el clasicismo francés impuso para el arte de la traducción Las belles infidèles celan el espíritu con la misma pasión que las traducciones “literalizantes” permanecen fieles a la letra, pero ambas arriban a resultados totalmente distintos: en un caso, puramente instrumental, el significado se aclara a partir de una traición o una violencia, en el otro se vuelve difuso para salvaguardar la extrañeza esencial de la lengua traducida. El diferendo rebasa las aprensiones puramente estéticas y se ha transformado, para la moderna teoría de la traducción, en un problema epistemológico y hasta ético. Inabordable en este contexto, dicho diferendo, sin embargo, deberá tenerse presente a la hora de evaluar si ha sido acertada la opción de Breno Onetto de situarse en un punto intermedio. Sus versiones de Hölderlin, nos dice, quieren salvar el escollo creado por los que han “sobreadornado el espacio de juego de su escritura”, para devolvernos, sin renunciar a una voluntad comunicativa, su magistral sensibilidad rítmica, sensibilidad que no se resiente, al contrario, de la expresión “dura”, “dolida en el modo” y algo prosaica que el poeta trabajó deliberadamente para apartarse de los cánones literarios de su tiempo.

En Chile, elprimer intento de traducción de una muestra relativamente representativa de la obra de Hölderlin fue llevado a cabo en 1951 por Wera y Ludwig Zeller. A su Hölderlin (Grandes elegías), libro ahora inencontrable, seguiría una nueva selección de poemas y prosas en seis tomos que, al parecer, se quedó en buenas intenciones. Frente a ese trabajo pionero, que también denunciaba la “excesiva libertad de interpretación” de las traducciones existentes es castellano, libertad que en otros se resolvía en letrismo y erudición llevada al exceso, el esfuerzo de Breno Onetto presenta algunas ventajas. El autor ha conocido y estudiado en profundidad el intenso debate filosófico y filológico que se ha llevado a cabo sobre la obra de Hölderlin los últimos cincuenta años, luego de que Heidegger lo señalara como el más grande poeta moderno e hiciera de él un interlocutor esencial de su propio pensamiento. La sabiduría que se puede extraer de ahí necesariamente repercute a la hora de traducir y en las versiones de Onetto es evidente que ese debate se encuentra actualizado, ya por el simple hecho de tener a la base la última edición crítica del poeta realizada en Alemania (Michel Knaupp, 1992), que deja atrás las clásicas de Von Hellingrath y Zinkernagel, ya por el hecho más complejo de que él mismo se posiciona en ese debate a través de un par de ensayos incluidos en esta antología. En el primero, “Hölderlin o el delirio educador de la razón”, Onetto perfila a Hölderlin como un poeta pensador, ilustrado y revolucionario, para hacer frente al “prejuicio pseudo-literario” que sólo lo define a partir de su locura. En el segundo, en tanto, “Hölderlin y Heidegger, o la religión venidera”, ese mismo perfil contribuye a denunciar en la clásica interpretación del pensador alemán, “pensador anti-histórico y más bien enemigo de lo moderno”, un recorte de sentido del poema hölderliniano, funcional, por lo demás, al discurso ideológico fascista al que por entonces hacía guiños desmesurados.

La selección incluye dieciocho poemas, algunos de los cuales pertenecen al período de juventud del poeta, marcado por sus intereses políticos revolucionarios (“Himno a la libertad”, “La voz del pueblo”, etc.); otros a su período de madurez, célebres sobre todo por su agudo sentido filosófico (“Remenbranza”, “Patmos”, etc.) . El conjunto cubre un arco de su producción poética que va de 1790 a 1806, período después del cual se precipitó en la demencia, condición en la que viviría durante casi cuarenta años. En la cadenciosa sucesión de sus motivos, la profundidad del poema hölderliniano insiste siempre en convocarnos amablemente a una llamada, tanto más urgente cuánto que cada día al parecer menos escuchada: “Lleno de mérito, aunque poéticamente habita el hombre sobre esta tierra”. Responder a esa llamada es lo difícil, hacerla resonar en otra lengua es ya esbozar una respuesta.

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EL MERCURIO, “Revista de libros”, pág. 3, sábado 22 de marzo de 2003.


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