Nota del editorzuelo a un librito no nacido

¶ Tal como se lee en la contratapa, los capítulos que forman esta edición son extractos de un texto en italiano, más extenso, titulado Kierkegaard. La selección corrió a cargo de la traductora, a quien Beuvedráis (que es palabra castellana, no franchuta) acogió la propuesta por no saber italiano sin tampoco pispar francés. Se vertieron desde el libro Kierkegaard e Pascal, en que la editorial Mursia reunió los trabajos de Luigi Pareyson sobre aquellos autores.

¶ En ninguna de sus páginas (excepto en ésta) aparece la palabra “árbol”, ni menos la oración: “árboles nativos que purifican las aguas y nos las dan”. Pues se refiere al arrejuntamiento, lleva implícita la reproducción de la especie humana, que arrasa árboles nativos y exóticos para hacer papel, sin retornar al cáñamo. Por lo anterior, Beuvedráis lo editó para homenajear al Barón Rampante e impugnar la estupidez del bípedo implume, que a diferencia de los árboles (que son QUIENES de verdad) huele pésimo, es bullicioso y no pone huevos… en suma: ¡es vulgar! Para colmo de perversiones, por doctrina se jura el non plus ultra de la Creación, sin hacer caso a las evidencias que le dicen lo contrario, ni a sus pensamientos más sinceros y profundos, en general y coronel y capitán omitidos de la boca para afuera. Es suicida en masa, asesino de sí y de las demás especies. ¡Que se joda luego o cambie de una vez!

¶ Se tradujo sin permiso ni mala leche. Ojalá no nos caiga el sablazo de los derechos, que en este caso coinciden con los deberes, ¿con alguna rebajita?